El reto de este ático fue extender visualmente el interior hacia la terraza de 40 m², diluyendo la frontera entre dentro y fuera. Creamos una continuidad en los pavimentos y en la paleta de color.
Optamos por tonos arena, terracotas y un verde oliva empolvado para aportar la frescura necesaria en los veranos sevillanos. Diseñamos también una celosía a medida para proteger del sol.
Ahora es un oasis en las alturas desde donde contemplar los atardeceres de la ciudad.

